Introducción

Este proyecto está publicado en Revista Agustiniana, vol.149 (2) 2008, 375-435. La versión original en ingles, más amplia, aparece en Journal of Religion and Health. Psychology, Spirituality, Medicine 47 (2008) 88-102. (OnlineFirst, 2007) y en Studies in Spirituality (2011). Las citas de las Confesiones son de la traducción, con algunas variantes, de José Cosgaya, BAC Minor (1986/2010)10th imp., Madrid. La puntuación de esas citas se ajusta al criterio académico: X, 10, 10 (libro, capitulo, párrafo). La traducción de citas en inglés y francés es mía.

    Las Confesiones es la obra más conocida y apta para el enfoque sobre la jornada espiritual de Agustín, aunque los concep­tos que la configuran se desarrollan a través de todos sus escritos. La refe­rencia más común para conocer a Agustín y su contexto histórico es la de Peter Brown, Augustine of Hippo: A biography. A new edition and an epilogue. Berkeley/Los Angeles: University of California Press, 1967/2000. Para visión amplia del pensamiento de Agustín ver Alen D. Fitzgerald, OSA (ed.), Augustine through the ages. An enciclopedia, Grand Rapids, MI/ Cambridge, UK 1999.W.B.Eerdmans.

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Los lectores del New York Times encuentran con frecuencia artículos dedicados a figuras prominentes de la cultura antigua como Agustín. Recientemente, el historiador Bowersock ha escrito un ensayo describiéndole como «un coloso de la Cristiandad que adquirió fama más allá del entorno de la Iglesia gracias a la elegancia, candor y pasión de sus Confesiones, que continúan siendo un libro clásico en la literatura occidental». Es un homenaje veraz y conciso que subraya el hecho de que el autor y su obra maestra, escrita el 397 AD, siguen ejerciendo una gran influencia a través de los siglos. Su fuerza intrínseca, explica Vannier en su obra reciente, radica en dos criterios básicos: su capacidad para presentar la verdad y su capacidad para transformar al lector o espectador.

Esos criterios aplican con toda propiedad a las Confesiones en las cuales vemos a Agustín afanado en “hacer la verdad” en su vida (X, 1,1). En el proceso nos ofrece no solamente su verdad sino la Verdad de Dios que él ha buscado afanosamente. Al mismo tiempo el tiene esa previsión de sus muchos lectores, a través del tiempo y afirma su deseo de “mover su pensamiento y afectos hacia Dios” y un nuevo estilo de vida (X, 3,4). La historia, por otra parte, nos ha confirmado la realidad de que muchos de esos lectores han experimentado una transformación en su interior. Desde Consentius, contemporáneo de Agustín, que da testimonio sobre el cambio radical que ha experimentado leyéndolas, el impacto se ha multiplicado a través de los tiempos, silenciosamente, como un fruto que se desprende en su madurez. Aunque algunos, afortunadamente, como el de Petrarca en su Secretum o el de Santa Teresa en el libro IX de su Vida, quedaron escritos para la posteridad.

Hadot ha percibido claramente esta universalidad distintiva de las Confesiones y observa que aunque la historia sea de Agustín, “no se puede considerar como algo de la individualidad incomunicable de Agustín, sino, al contrario, como algo de la universalidad humana de la cual los acontecimientos de la vida de Agustín son solamente símbolos. Por eso, podemos explicar cómo el poder que emana de ambos criterios que abrazan lo personal y lo universal, han dado a la obra de Agustín su permanencia en el tiempo ejerciendo una influencia profunda en la espiritualidad cristiana por 1600 años.

Las raíces de tradición

Al comienzo del nuevo milenio se publicaron numerosos análisis sobre el vasto y complejo panorama de la vida moderna. Algunos hacen observaciones desde una perspectiva en la que convergen las dinámicas en tensión de carácter religioso y social. Aun con riesgo de simplificar lo que es enormemente complejo, podemos decir que presentan una paradoja de contrastes agudos prosperando en un contexto global, pluralista y de libre expresión.

Por una parte, se acentúa la confusión en la vida social y religiosa creada por las fuerzas disspares de ideologías y ambiciones humanas que desbordan sus propios límites. Un fenómeno socio-cultural que crece rápidamente en un vasto terreno donde la Cristiandad se considera irrelevante y sin inspiración, impotente frente a la avidez masiva de riqueza material y poder en todas sus formas. Es evidente que vivimos en una cultura donde predominan las formas de dispersión y superficialidad que reducen todo a términos de usar y descartar, de exteriorización y avidez por lo material. Hay una búsqueda masiva de felicidad pero escasas señales de que se haya alcanzado.

Por otra, se advierte en mucha gente la necesidad profunda de interioridad donde uno puede re-encontrarse con Dios y con uno mismo. Un dato que se refleja en las preocupaciones que aparecen, en flujo constante, de nuevos libros, revistas, conferencias, programas y fundaciones especiales. Y todo ello ocurre en un contexto histórico de rápidos cambios y de una persistente inseguridad sobre el futuro de elementos críticos en la convivencia humana. El resultado es un remolino de tensiones que causan un profundo sentido de fragmentación en el individuo y ame-nazan la supervivencia espiritual de una época.

Algunos pensadores advierten que el contexto social en que vivimos, en muchas formas borra de la memoria los recursos que nos han ayudado a sobrevivir. Y han propuesto volver a las raíces de la tradición religiosa que tanto individuos como grupos han recibido para guía y sobrevivencia espiritual. Hablan de recobrar y reanimar las obras que nos ofrecen preceptos valiosos para una transformación personal en el contexto de nuestro propio tiempo. Hadot observa a este respecto “hay ciertas verdades cuyo sentido no puede agotarlo el paso de las generaciones humanas…pero para que su sentido sea realmente comprendido es necesario que las verdades que lo constituyen se vivan y se re-experimenten. Cada generación debe de tomar, desde el principio, la tarea de aprender a leer y re-leer esas antiguas verdades…eso ya es, en sí mismo, un ejercicio espiritual”.

El problema es que hemos dejado de leerlas, no tenemos mucha paciencia para hacer una pausa, liberarnos de nuestras preocupaciones, volver al interior de nosotros mismos con el fin de meditar con calma, rumiar y dejar que el texto nos hable directamente. Desde esa perspectiva, este proyecto presenta las Confesiones para una re-lectura y un ejercicio prolongado con el objetivo de entender y re-vivir con Agustín el proceso de la búsqueda de la felicidad y la verdad que resuelve efectivamente la inquietud del corazón humano.

La lectura de las Confesiones

Las obras clásicas de la cristiandad, especialmente las Confesiones, representan una tradición a la que necesitamos volver con una finalidad constructiva e interpretativa. El significado transcendente de las Confesiones y su poder comunicativo no aparecen completos o son discernibles en el momento de su composición. Se hace poco a poco aparente a través de las respuestas que provoca en aquellos que las meditan y asimilan su mensaje, integrándolo en la dimensión de sus aspiraciones e ideales. Esto se considera propiamente como una respuesta constructiva a la obra, cuando nos apropiamos las verdades que allí se reflejan con el fin de vivir su experiencia humana y espiritual en el cuadro de nuestra circunstancia individual.

En realidad, las Confesiones las escribió su autor como testimonio a la validad de la tradición cristiana. En ese sentido contribuyen a la totalidad de lo que W.C. Roof considera una tradición viva, “abierta a la intervención humana y por tanto, a la continuidad de su narración en símbolo, practica e imagen…y solo permanece viva y relevante si los miembros se envuelven en ella en un tiempo y circunstancia determinados. Carl Vaught nos advierte: “no podemos adentrarnos en las Confesiones sin antes cuestionarnos a nosotros mismos…Si no estamos dispuestos a penetrar en las profundidades de nuestro ser, nunca entenderemos a Agustín, porque él nos exige constantemente que reflexionemos en el itinerario que hemos recorrido en nuestro desarrollo intelectual y espiritual.

El lector se sentirá urgido a moverse en esa dirección desde la primera página: Agustín con la debida reverencia a Dios, se dirige a su audiencia diciendo: “nosotros los humanos que acarreamos la marca de la mortalidad en torno nuestro…” (I,1,1) Nadie puede desentenderse de lo que sigue y sin más, cerrar el libro. Las Confesiones es un “peregrinaje del alma” (XI, 15, 22) y Agustín espera que sus lectores reconozcan su condición común y se unan a él en el ascenso.

El retorno a las Confesiones lleva consigo también una labor interpretativa con la responsabilidad de presentar y utilizar creativamente las ideas, metáforas y prácticas que en ellas hemos descubierto. Los expertos en la ‘obra agustiniana’ han trabajado con una dedicación ejemplar, particularmente en los últimos cincuenta años, para establecer una línea de investigación rigurosa desde varias perspectivas. Una observación que confirma la conferencia organizada por el Instituto Patrístico Agustiniano en Roma el 2002. El elenco de contribuciones muestra la vitalidad de nuevas ideas y reflexiones, nuevas apropiaciones e interpretaciones sobre el texto de las Confesiones a un alto nivel de estudio y discurso académico.

Sin embargo es también muy importante extender el impacto y relevancia de ese esfuerzo intelectual a través de una labor de diseminación de esa riqueza de sabiduría cristiana, en forma práctica y asequible a los que toman en serio la vida cristiana en nuestro tiempo. El mismo Agustín compartió su experiencia en las Confesiones y el don de su palabra y conocimiento en muchos otras obras con una multitud de gente sin mucha escolaridad. A ese respecto Juan Pablo II – con su aguda visión de la historia y del cristianismo- hizo una recomendación a los Agustinos en 2011 en estos términos:

La experiencia de Agustín se asemeja a la de muchos hombres contemporáneos y por eso vosotros, agustinos, podéis con formas modernas de servicio pastoral, ayudarlos a descubrir el sentido transcendente de la vida. Debéis ser para ellos acompañantes y animadores de una fe más personal y, al mismo tiempo, una fe más comunitaria, porque es la Iglesia quien mantiene viva la memoria de Jesucristo…Extraed del inagotable tesoro de vuestro gran Maestro sugerencias y propuestas para una acción apostólica renovada… salvaguardad, inalterada y viva, la herencia del mensaje doctrinal y práctico de San Agustín, en el cual puede encontrarse la humanidad de siempre, hambrienta de verdad, de felicidad y de amor.

A.M. Vannier comenta que la revisión teológica de los clásicos, propuesta por David Tracy, implica una “correlación” entre los textos fundamentales de la cristiandad y la experiencia humana común y su lenguaje. De modo que “junto a la interpretación de esos textos que ayuda a comprender, ajustar, rescatar, criticar la realidad de la dimensión religiosa de la cultura se añada, para que la labor sea efectiva, la densidad de la experiencia de Dios en la vida” . En ese sentido, el proyecto de Ejercicios Espirituales sugiere una lectura de las Confesiones con el objetivo de entender y re-vivir con Agustín el proceso de la búsqueda de Dios y la conversión que re-orienta la inquietud del corazón humano. En otra sección, más adelante, proponemos unas Prácticas Formativas a través de las cuales Agustín consolida el proceso de conversión y hace progreso hacia una experiencia de fe coherente y transformativa.

leer más (descargar en PDF).

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