5. MINISTERIO

Agustín ha sido el Maestro espiritual que más importancia ha dado a las relaciones humanas en la historia de la Iglesia. En las Confesiones nos dice que amaba la soledad como un aliciente en su búsqueda de Dios, pero opta por vivir rodeado de aquellos a quienes sirve a imitación de Cristo. Pero esta situación, en vez de ser obstáculo a su progreso, se convierte en estímulo para la práctica de obras congruentes con su fe y su pertenencia a la comunidad de creyentes. En su narrativa destaca la prioridad de la compasión, la hospitalidad y la aportación de dones recibidos del espíritu.

Agustín, revela una conciencia de la alteridad, refinada en el dialogo con Dios, que le urge a salir de sí mismo para abrirse a “los otros” a quienes llama  hermanos, conciudadanos y compañeros. La esplendida meditación que hace en el libro XIII destaca los aspectos más prácticos de la vida cristiana y la relación que configura la iglesia peregrina y las obra del Espíritu de Dios.

El se envuelve en la realidad de la vida humana a través de un ministerio inspirado en la voluntad de Dios y sostenido por su gracia que se manifiesta en opera misericordiae (XIII,17,21; 18,22; 34,49; 38,53).Una labor fundamental, “aprendiendo a hacer el bien” (XIII, 19, 24) que aúna el valor de la fe y las obras: “los creyentes no aplican sus oídos simplemente para oír, sino para actuar, cuando oyen: ‘buscad a Dios y vivirá vuestra alma’ ” (XIII, 21, 30).

Estas son obras que requieren una profunda motivación interna y conocimiento de sí mismo para realizarse genuinamente: “nosotros aprendemos a compadecernos al reconocer nuestra propia debilidad” (XIII, 17, 21). Y considerando a los demás secundum similitudinem, como semejantes a uno mismo, estaremos dispuestos a “compartir nuestro pan con el hambriento y acoger al forastero bajo nuestro techo” (XIII, 18, 22). El que se ha ejercitado de este modo es capaz de “de-centrarse”, salir de sí mismo para ir al encuentro del “otro”, acogerlo haciéndole sentir que su presencia y su vida tienen importancia. Y que a imitación de Dios “que nos buscaba cuando nosotros estábamos perdidos” en tierra de desemejanza (XIII, 1,1)

De igual modo, los dones que uno descubre en si mismo generosamente repartidos por el Espíritu, como consejo, sanación, discernimiento, lenguas… son para beneficio de todos (XIII, 18, 23). La palabra “confesión” tiene el sentido latino propio de “reconocer. Y un acto genuino de reconocimiento tiene el efecto de abrirnos a la alteridad de las personas, lugares, y cosas de modo que puede internalizarse su valor en uno mismo, y de esa forma compartir con otros el conocimiento que hemos conseguido y demostrar que los otros son valorados en esa medida15.  

Agustín hace progreso en su peregrinaje a través de su servicio al pueblo de Dios con “la palabra y los escritos”. El es pastor para su asamblea y monje en su monasterio, un amplio espacio existencial donde sus enseñanzas se difunden a través de sermones, cartas, tratados, explicaciones de los salmos y el nuevo testamento, y una regla de vida. Una vasta riqueza que comparte interpretando los “signos de temporalidad” (XIII, 18, 23) en los que Dios actúa para formar lo que estaba deforme e iluminar “la oscuridad de lo profundo” (XIII, 34,49) en el ser humano.

 

Conclusión

Agustín ofrece en sus Confesiones y en el resto de su obra, una espiritualidad comprometida en la cual  afectos y pensamiento, reflexión y experiencia, testimonio y universalidad, están íntimamente ligados para crear el fundamento sólido de un estilo de vida auténticamente cristiana. Las prácticas formativas que señalamos aquí, son parte de esa experiencia y  responde al deseo de Agustín de estimular a sus lectores de todos los tiempos a la reflexión y la conversión a Dios (X, 4, 6). Una “tarea común” interdisciplinaria que interpreta y difunde su mensaje para responder a las cuestiones y preocupaciones espirituales de nuestros  contemporáneos.

Advertisements

2. LECTIO DIVINA

Agustín  ‘aprendió a leer’ conforme a la práctica fundamental de la filosofía antigua alcanzando cimas de excelencia retórica y sabiduría humana. Pero es el gesto de “tomar, abrir y leer” una carta de San Pablo que parece “como dirigida a él mismo”, el que le pone en el camino de la sabiduría espiritual. En la palabra de Dios es donde el descubre un discurso a la vez noble, humilde y misterioso (III, 5,9) y a cuya lectura asidua dedicará toda su vida. La palabra le va a capacitar para entender cuál es la voluntad de Dios y a ejercer un discernimiento adecuado para cumplirla.

Esta práctica introduce al ejercitante a un proceso cuyos elementos están intrínsecamente vinculados.

Primero, la lectura pausada y atenta a partir del texto mismo de las Confesiones que constituye una historia construida como respuesta a la palabra de Dios. Palabra que resuena constantemente en todas sus páginas porque está impresa en la mente y el corazón del que escribe. Ahí escuchamos, en triangular comunicación, lo que Dios dice a Agustín y lo que Agustín nos dice a sus lectores.

Segundo, la lectura atenta de la Palabra nos lleva de la mano a una relectura, reflexión y meditación que va descubriendo significados. En ella se hace progreso a través de conexiones, ideas, imágenes que el lector asimila interiormente y se convierten en algo intimo y propio. De ese modo, a partir de la narrativa de Agustín, se forma una narrativa personal con elementos descubiertos en la profundidad y riqueza inmensa de la Palabra.

Tercero, toda la obra de las Confesiones es una oración constante, que surge de la lectura y reflexión sobre las Escrituras. Agustín nos habla de su plegaria en la que suena la “voz del alma”, el “clamor del corazón” (X, 2, 2) y desea que cada uno preste atención a las tres potencias que lleva en su interior: el existir, el conocer y el querer (XIII, 11, 12; 16, 19), a través de las cuales puede recordar a Dios, conocer a Dios y amar a Dios. Y en ese núcleo de actividad espiritual es donde el ser humano puede contemplar la imagen de Dios según la cual ha sido creado.

La enseñanza y experiencia de Agustín a este respecto se recoge aquí en la práctica contemplativa basada en: (1) existir en la presencia de Dios,  (2) desear el conocimiento de Dios y de uno mismo y (3) permanecer en la estabilidad de Dios. Tres movimientos que se realizan en el mismo ámbito de la respuesta del ser humano a la palabra de Dios que da vida y transforma

Formative Practices

Andrés G. Niño (*)  

Formative practices

in Augustine’s Confessions.

 

Stabo et solidabor in te, in forma mea,

veritate tua (Conf. XI, 30,40)

Abstract

In a previous article1 I discussed a cluster of spiritual exercises that emerge from a reading of Augustine’s Confessions as a meditative ascent towards God through a radical change of mind and affects. In this paper I show that the transformative power of those exercises expands through some formative practices to consolidate the choice of a Christian way of life. Among them, attentive silence, assiduous lectio divina, construction of a personal narrative, participation in ritual, engagement in ministry to the community, spiritual counseling and observance of the Rule. They all have a private and social dimension and together constitute a solid core of Augustine’s distinctive and fundamental discipline of spiritual development.

 

Studies in Spirituality 20, 149-191. doi: 10.2143/.21.0.2141949

© 2011 by Studies in Spirituality. All rights reserved.

 

———————-

(*) NIÑO, A G. (2008) “Spiritual Exercises in Augustine’s Confessions”. Journal of Religion and Health. Psychology, Spirituality, Medicine 47: 88-102. (OnlineFirst, 2007).